La ilusión de la inmaterialidad
Un análisis crítico de los códigos de la "no-cosa" descritos por Vilém Flusser desde la perspectiva de la energía y la infraestructura de hardware.
Introducción
En su ensayo El mundo codificado Vilém Flusser propone una tesis provocadora sobre la transición de la cultura material a la cultura de los códigos. Para el autor, la modernidad presencia un cambio de valores: el interés humano migra de las "cosas" (objetos tangibles) a las "no-cosas" (información, símbolos, códigos alfanuméricos). En esta lógica, el mundo se "desmaterializa" progresivamente, transformándose en un conjunto de proyectos y programas donde la materia prima es simplemente un soporte obsoleto para la fluidez del significado.
Sin embargo, al analizar el panorama tecnológico actual —marcado por la omnipresencia de la Inteligencia Artificial y el procesamiento masivo de datos—, esta supuesta autonomía del código requiere una revisión crítica. Si bien la experiencia del usuario sugiere una inmaterialidad absoluta, la realidad técnica revela lo contrario: el código no reemplaza la materia, sino que la reconfigura en nuevas y más complejas capas de dependencia física. La fluidez de los intercambios semánticos, que Flusser identifica como la cúspide de la mejora de los medios, permanece rigurosamente anclada en una infraestructura tangible de hardware, servidores y consumo de energía.
Se argumenta que la «no-cosa» de Flusser es, en última instancia, una abstracción fenomenológica que oculta la solidez del aparato técnico. Surge la pregunta: ¿por qué el pensamiento fenomenológico —del cual Flusser es una referencia clave—, a pesar de los esfuerzos por desvelarlo, ha servido aún como un «ocultamiento» filosófico? La hipótesis que se defiende aquí es que la «no-cosa» constituye una figura retórica arraigada en el propio agotamiento cognitivo del pensador. La materialización de las «no-cosas», como la Inteligencia Artificial, es el resultado de un esfuerzo intelectual tan físicamente agotador para esa generación que la infraestructura real de esta tecnología solo podría ser precisamente...descubierto para las generaciones futuras, capaces de observar el coste material que hay detrás de la transparencia del código.
2.1. El dispositivo y su contenido: cómo el bit se revela como un átomo.
El análisis de Vilém Flusser sobre la filosofía de la caja negra tomó como objeto principal el aparato fotográfico. Sin embargo, en la actualidad, este aparato ha sido absorbido por un metalenguaje técnico mucho más profundo: la arquitectura informática. Si en fotografía el programa era una serie de posibilidades químicas y ópticas, en la informática el programa es una sucesión de estados eléctricos en circuitos de silicio. El procesador, con sus miles de millones de transistores y fases de energía eléctrica, es la verdadera «caja negra» que se revela al programador.
Para el especialista, el bit —la «no-cosa»— revela su naturaleza atómica: depende del calor, la conductividad y la integridad del hardware. Esta revelación se produce al comprender que el código alfanumérico es, en última instancia, una instrucción de control sobre la materia. Sin embargo, para la mayoría de los «consumidores de tecnología», el dispositivo sigue siendo opaco. Lo que Flusser denominó «fascinación por la imagen» ha evolucionado hasta convertirse en «magia del producto». La interfaz intuitiva oculta el esfuerzo titánico de la infraestructura. El consumidor acepta la «no-cosa» como un milagro inmaterial, mientras se le mantiene deliberadamente alejado de los pasillos de servidores y del calor disipado por los procesadores, perpetuando así una ilusión de inmaterialidad que consume silenciosamente los recursos físicos del planeta.
2.2. El empleado y la lógica del agotamiento: entre la magia y el colapso.
Flusser propuso que la cultura de los códigos transformaría al trabajador tradicional en la figura del "funcionario", quien ya no transforma la naturaleza sino que "juega" con los símbolos del programa. Sin embargo, la observación empírica actual revela la metamorfosis del funcionario funcional en un trabajador-consumidor, cuya función es alimentar el programa sin comprender jamás su lógica subyacente. Mientras una élite de programadores domina la lógica, la masa de consumidores se deja seducir por la imagen técnica que oculta el proceso de producción.
Esta tendencia hacia la «logicización» de los programas no surge de una mayor abstracción, sino de una exigencia física: el intercambio cada vez más rápido de energía en procesadores nanométricos. Todo esto requiere mano de obra humana e infraestructura financiera. La ilusión de inmaterialidad persiste mientras la infraestructura permanezca invisible. El consumidor ignora que el bit requiere el átomo, y que el átomo requiere extracción y un alto consumo eléctrico. Esta ceguera colectiva ante la materialidad del código es lo que permite el mantenimiento de...status quo hasta que aparezcan los síntomas de agotamiento Sistema: colapsos financieros, crisis energéticas o conflictos a gran escala, momentos en los que la "no-cosa" se revela brutalmente como una cosa y como dependencia física.
3. Conclusión: El estar presente entre el átomo y el bit: del agotamiento a la redención.
El legado de Vilém Flusser reside en situar al hombre en su relación con el mundo vivido. Sin embargo, la "no-cosa", que en la época de Flusser se experimentaba bajo el barniz de la novedad, se revela hoy ante nosotros...Dasein La presencia (el estar ahí) se presenta como un hecho lógico aún más cruel. El proceso de descubrimiento que llevamos a cabo está guiado por la inmediatez electromagnética, la base física real de toda elaboración cognitiva contemporánea. La inteligencia artificial concreta exige una preparación cognitiva que supera las previsiones de los filósofos más pesimistas del siglo pasado: este es el agotamiento cognitivo de nuestra generación.
Donde la máquina demanda energía, el ser humano aporta su lógica, el elemento insustituible. Incluso en la aparente autonomía de la IA, la dependencia del programador persiste. A diferencia de los primeros años, ahora se le exige al programador que perciba el entorno cognitivo de los usuarios, mediado por algoritmos que ejercen una presión caótica sobre la fría lógica de la programación. El avance del programa apunta hacia un horizonte de "libertad lógica", donde la coexistencia entre usuario y código prescinde del refinamiento técnico incesante.
Sociológicamente, destacadas figuras intelectuales ya experimentan con la libertad filosófica interconectando las capas subyacentes de la cultura que utiliza la IA. Sin embargo, la búsqueda de la verdadera libertad continúa para la humanidad. Esta libertad, más allá de las interfaces, encuentra su eco en la promesa de la vida eterna en las profecías cristianas, una estructura que resulta sorprendentemente cercana al "corazón" lógico y .Logos entendido dentro de la programación alfanumérica. Así, la técnica, en su máxima expresión, apunta una vez más a la cuestión metafísica fundamental.
Escrito por Rízia Eduarda Andrade utilizando la herramienta de IA de Google (Gemini) el 17 de
marzo de 2026.
